Addison Blaine se calienta sola
Addison Blaine lleva semanas pensándolo. Hoy por fin se decide - y quiere que la cámara vea cada segundo: primero cómo pierde los nervios, y después todo lo demás.
Empieza despacio. Se pone cómoda, se abre y se toma su tiempo con ella misma. Sin prisa, sin trucos - solo dedos, presión constante y ese crescendo lento que solo una chica que está descubriendo su propio cuerpo sabe hacer durar. Se provoca, se echa atrás, vuelve a por más. Cuando coge el vibrador, ya está sonrojada y mordiéndose el labio.
Entonces entra el juguete. Suave al principio, luego más firme, y la habitación se llena del zumbido y de su respiración cada vez más corta. Cabalga el borde, lo aguanta, se rinde. Su primer orgasmo de verdad delante de la cámara - piernas temblando, pelo hecho un desastre, destrozada y sonriendo.
Y no ha terminado. De eso se trata.
Cuando ya se ha puesto más allá del punto de no retorno, es el momento de ir a lo de verdad. Al sofá - y esta vez hay alguien con ella. Torpe al principio, manos que buscan dónde ir - luego encaja el ritmo y la torpeza se convierte en algo más hambriento. Embistes profundos y lentos que la abren, las uñas clavándose en los cojines, sus gemidos cada vez más fuertes y menos recatados con cada minuto. Le rodea con las piernas, lo atrae y lo aguanta como si hubiera estado esperando justo esto.
Escena completa, sin cortes donde importa. Mira cómo Addison Blaine pasa de tímida y curiosa a empapada y ansiosa de una sentada - en solitario, con el juguete y el polvo para el que se ha estado preparando todo el rato.

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